Por Camilo Moreno

El propósito del presente artículo no es hacer un estudio epistemológico sobre ciencia, sino más bien dar una postura acerca del papel de ella hoy día.

El estudio de la Naturaleza por el hombre no tiene su origen propiamente en un deseo innato de conocimiento que ha estado en el ser humano desde los primeros tiempos. El ser humano primero desarrolló técnicas, métodos y herramientas que le permitieran en primera instancia sobrevivir, es decir, el hombre pensó primero en resolver sus necesidades básicas antes que en hacer ciencia. La propia necesidad de modificar el ambiente para beneficio humano alentó el estudio de fenómenos particulares para su manipulación y uso en un determinado desarrollo de las fuerzas de producción. Por ejemplo, no olvidemos que el estudio de los astros fue grandemente impulsado para la orientación naval necesaria para el desarrollo del comercio mundial.

La división social del trabajo permitió también que algunos individuos se pudieran dedicar al desarrollo de métodos de pensamiento y subsecuentemente la formación de una cosmovisión(filosofía). Todo esto sin embargo, ligado a la estructura económica propia de cada época.

La idea entonces del científico que trasciende la sociedad, que está por encima del bien y del mal es un mito que no tiene justificación histórica. Esto para aclarar que el hombre dedicado a la ciencia es también un ser inmerso en una estructura económico-social, que ha cumplido y cumple un papel en la dinámica de la misma. La emergencia del sistema de producción capitalista, el desarrollo teórico y técnico hasta entonces obtenido, permitió un avance extraordinario en la ciencia y la tecnología. La expansión de los medios de producción a gran escala, la necesidad de buscar materias primas, metales etc, contribuyó a un desarrollo tecnológico jamás pensado por ejemplo, en la sociedad gentilicia o en la esclavista.

Fue el desarrollo del sistema capitalista en su primera fase: la producción en masa de mercancías, la expansión colonialista, el desarrollo de la competencia y el comercio mundial lo que alentó el desarrollo tecnológico y científico a una velocidad sin precedentes. La ciencia como disciplina independiente no ha podido hasta ahora desprenderse del papel que le dio impulso como actividad universal, o dicho de otro modo, del papel que la insertó en el engranaje del sistema de producción

El que algunos científicos reclamen su derecho “natural” a hacer ciencia independientemente de las consecuencias sociales es solo una ilusión aún menos justificada en la actualidad donde la actividad humana primordial se asocia a la actividad lucrativa.

Sin embargo, aquello que impulsó en primera instancia el desarrollo científico es también el responsable de su propia decadencia. El así llamado libre mercado, la expansión de los medios de producción a escala universal y en últimas, la producción y superproducción de mercancías a gran escala han acelerado de manera dramática el daño al medio ambiente, están agotando como nunca antes medios no renovables de energía, impulsan patrones de consumo insostenibles, sin mencionar el perjuicio a la conciencia humana. La idea de ciencia que algunos teóricos han elaborado como disciplina de las más nobles aspiraciones humanas entra en contradicción directa –en cuanto a sus consecuencias prácticas- con el motor mismo de la dinámica económica.

Solo una estructura económico-política que haga conciente en los hombres la necesidad de un desarrollo humano sostenible podrá colocar a los científicos en el lugar que merecen como actores de la actividad intelectual de más alta aspiración y como protagonistas concientes del desarrollo colectivo. Solo así, la práctica humanista de la ciencia garantizará una explotación razonable de los recursos y unos modelos de consumo compatibles con el desarrollo social.

La ciencia al servicio de la humanidad nunca podrá hacerse realidad si no existe un sistema conciente y comprometido con dicho propósito. El desarrollo de la ciencia y su prestigio dependen del papel que le otorguemos como instrumento necesario para el desarrollo y supervivencia de la humanidad.

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