Por Leonardo León

Es generalizada la idea que la política solo les corresponde a las personas que están en el poder político de una sociedad y a quienes la ven como forma de vida para conseguir ese poder. Pero bien se dice que si uno no se mete en política, la política se mete con uno. Y es importante tener claridad al respecto puesto que los ingenieros generalmente piensan que las decisiones que se toman por parte de un gobierno son cosas que simplemente toca aceptar como un orden natural del mundo.

La política es el proceso y actividad orientada, ideológicamente, a la toma de decisiones de un grupo para la consecución de unos objetivos. En ese sentido es algo que le compete al ser humano como ser social independientemente de su función dentro de la comunidad o de su condición económica y que su participación en la misma no debe ser reducida simplemente a la poca intervención que se supone permite la democracia representativa: el depositar un voto cada vez que existan elecciones.

Si nos remitimos a la definición misma de “ingeniero” podemos ver que existen dos conceptos bien diferentes según el idioma de donde provienen. En el inglés la palabra viene de engine que significa máquina, por lo que ingeniero significaría operario de máquinas. Pero si nos remitimos al español, es una derivación de ingenio, por lo que ingeniero es aquella persona que con su ingenio es capaz de de resolver problemas concretos. Aunque pareciera un poco absurdo tener que hacer esa diferenciación ya que muchas veces se da por descontado que la ingeniería tiene mucho más que ver con el segundo concepto que con el primero, en la práctica, sobre todo en países como el nuestro, se asume más la primera definición y en especial con la relación que existe con la política.

El ingeniero como simple operario o como supervisor de operarios, independientemente de cual sea función o su salario, siempre estará supeditado a lo que se le ordene porque ha sido educado para eso y porque el margen de libertad que tiene para cumplir sus funciones es bien limitado. A ese “ingeniero” la política casi siempre le es indiferente y por lo general las decisiones políticas le son perjudiciales porque en nada tuvo que ver cuando se pensaron ya que quienes las idearon no hacen parte de su gremio o los intereses de clase a las que responden esas medidas son de una élite que no le interesa más que cuidar sus propios beneficios sociales.

El ingeniero, como persona capaz de resolver problemas concretos, debe siempre estar al tanto de las decisiones políticas que le competen, ya que para poder solucionar las cuestiones propias de su profesión hay que saber en qué sociedad está, cuáles son sus necesidades y cómo el Estado las satisface y prioriza, dónde están y cuál es la causa de esos problemas que deben ser solucionados, etc. Por ejemplo, un ingeniero electrónico en el área de la telemedicina debe conocer que este país tiene inmensas regiones rurales con enormes problemas de comunicación en donde no pueden llegar médicos especializados necesarios para una nación con un grave conflicto armado y con muchas enfermedades propias de las selvas tropicales, por lo tanto, debe desarrollar equipos y nuevas tecnologías que permitan la comunicación de manera virtual y eficiente entre el paciente y el doctor, pero las políticas del gobierno de turno no ven esa situación como una prioridad y sí en cambio son un factor que ayuda a acrecentar el problema, debido a la gran inversión económica en guerra y el descuido en salud y educación, lo que favorece el desplazamiento, la pobreza, la incomunicación y sobretodo el subdesarrollo.

El TLC por ejemplo impone un gran reto a la ingeniería colombiana puesto que la pone en grave riesgo de desaparecer especialmente en aquellas de alto nivel de desarrollo científico y tecnológico ya que el objetivo político de este tratado es el de poner al país en una condición cada vez mayor de dependencia económica sobre todo en cuanto a los bienes y servicios con alto nivel de complejidad en su producción, reduciendo el papel de esta nación al de fabricar productos con bajo valor agregado ya sea como simple exportador de alimentos, flores y minerales con poco o ningún procesamiento o como lugar en donde las multinacionales asientan sus fábricas en forma de maquilas, reduciendo el ingenio nacional prácticamente a cero porque a esas empresas de ninguna manera les interesa generar desarrollo en un sitio que no le es propio y por el que no sienten ningún tipo de identidad ni responsabilidad al ser sus únicos objetivo tomar mano de obra barata con salarios muchos más bajos de los que pagarían por el mismo trabajo a sus empleados en su país de origen y ampliar sus mercados para aumentar sus ganancias y la concentración de capital en muchas menos manos. Es por eso que debe ser una obligación moral de cualquier ingeniero colombiano o persona que aspire a serlo oponerse radicalmente al Tratado de Libre Comercio ya que su razón social de ser queda casi completamente eliminada a menos que se asuma el concepto derivado de engine al no tener nada que hacer más allá de simplemente ser algo así como el capataz de un batallón de obreros o ser uno de ellos. Es por eso que al gobierno actual no le interesa de ninguna manera formar ingenieros críticos y eso se ve reflejado en las políticas educativas con visión eficientista y de sacar profesionales en términos de producción como si los centros educativos fueran empresas.

En cuanto a las universidades que forman ingenieros deben pensarse al profesional de una manera íntegra como elemento propio de una sociedad y como ser social y político que tiene una función social fundamental para el desarrollo del país de manera que la academia no sea un centro para almacenar y repetir información y no debe verse de manera dogmática sino que tiene que entenderse como aquella institución capaz de formar seres críticos y concientes de la realidad que los rodea para poder transformarla.

El papel de las universidades públicas en este punto debe ser el de poner a la ingeniería al servicio de la comunidad tanto en el desarrollo de las prácticas como en la investigación y la extensión para poder ayudar a sacar el país del subdesarrollo desde su campo. Cuestión contraria a como se está llevando a cabo con las actuales políticas educativas que en todas las esferas pretende poner al profesional según los requerimientos del mercado al campo laboral, desdibujando el papel que la sociedad le delegó en el momento de su creación y poniendo todo en términos de la oferta y la demanda, deshumanizando al individuo y apartándolo de su realidad. Esto se puede ver mejor si observamos el objetivo real de los créditos académicos que pretenden crear una mentalidad mercantil de la educación. Viendo por ejemplo documentos oficiales como Visión Colombia 2019 dice: “La visión 2019 concibe una economía cimentada en la producción, difusión y uso del conocimiento como base de la productividad y la competividad internacional, lo que impone retos adicionales al sistema educativo, que debe formar egresados en la cantidad suficiente para responder a las necesidades de una economía en crecimiento. Estos desarrollos hacen necesario la preparación de profesionales, técnicos, tecnólogos y personal calificado que demandará el sector productivo como resultado de la dinamización de los sectores de la economía conectados con sectores externos”. (Aquí se hace un llamado de atención a que mientras en la UN se discute un estatuto supuestamente que rige solo la vida interna académica, el gobierno se piensa todo un plan estratégico en el nuevo orden mundial).

Podemos ver entonces que para que el ingeniero cumpla efectivamente su función social como ser ingenioso capaz de resolver problemas reales necesita participar en la política general del país y sobre todo en las que le deben inmiscuir como son las encaminadas a financiar y desarrollar la ciencia y la tecnología. Ese papel no puede ser únicamente de manera pasiva sino que debe ser de manera protagónica, asociándose como gremio nacional para poder actuar como bloque fuerte y no como individuos dispersos ya que nadie le va a regalar nada especialmente si los intereses que se juegan a nivel macro-político no son compatibles con los de la ingeniería. Por lo tanto no sería descabellado decir que para que sus necesidades sean satisfechas se pueda pensarse en la toma del poder político.

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