De por qué no se puede ser uribista y antiuribista al tiempo y bajo el mismo aspecto

Los ataques contra el PDA y Gustavo Petro, además del llamado urgente de ciertos columnistas a que se unan Mockus y Fajardo, por lo menos dejan ver con claridad que el llamado ‘centro’, es un borde externo de la derecha, que según el grado de la ecuación se puede ver como centro e incluso como izquierda, como si camináramos por la cinta de Moebius tal como sigue:
En una lucha política tan precaria, donde Santos tiene que consultar el alma de Uribe, Noemí invocar a “Leidy Di” y Angelino al milagroso de Buga –que, de paso, no habla muy bien de sus profesores de marxismo-, el entusiasmo, la simpatía y otros tantos livianos adjetivos que arrinconan al sustantivo y no dejan conjugar el verbo pensar, se convierten en las palancas para mover el electorado. Pero, en medio de lo terrible siempre es bueno conocer lo peor, pues, se supone que quienes nos movemos dentro de ese 20% de los herejes, algún criterio tendríamos a la hora de tomar posiciones en política. Francamente, esperaba que más allá de ese alto porcentaje de hinchas uribistas, hubiese algo de opinión crítica en el resto, pero, al parecer, el pensamiento de derechas es una pandemia.

Se supone, que dentro de ese 20% encontraríamos un ciudadano medianamente informado, que tiene criterios y no es fácilmente manipulable. Sin embargo, al examinar cómo muchas personas que sienten la ilusión de ser de la izquierda democrática, se dejan llevar por entusiasmos y simpatías, a la hora de buscar una alternativa. Para no llamarnos a engaños, en muchos y muchas lo que anida es el espíritu conservador de capas medias, que anhelan que el mundo estuviera acotado entre el Chicó y la U de los Andes. Es decir, no todos allí son un mero grupo maleable, son capas convencidas de que es mejor que los Evo y los trabajadores sean un objeto de estudio, antes que un actor social; mucho menos una alternativa de gobierno.

En ese sentido, el llamado es a ese sector que es capaz de discernir, por encima de sus comodidades materiales. ¿Es casual que cierto oportunismo pida la unidad de aquellos cuyo su lema de campaña es “ni uribistas ni antiuribistas”? No, no lo es. Como tampoco es circunstancial que ambos hayan sido efectivos administradores neoliberales de importantes centros del capital y aconductadores cívicos. Lo de matemáticos, en cambio, sí lo es; pero, el fondo está en el uso y abuso de camisetas éticas de moda, que se portan según el color del firmamento Neoliberal.

Lo positivo del asunto es que estamos frente a personas que saben lo que hacen y ambos, de sobra, han de entender el planteamiento aristotélico que dice que “no se puede ser y no ser al mismo tiempo y bajo el mismo aspecto”. Si yo no soy ni uribista ni antiuribista bajo la misma coyuntura, ergo, soy un oportunista. Uno no puede andar con estandartes éticos y de buen comportamiento, cuando le abre las compuertas a la inmoralidad del capital y cohonesta con mezquinos comportamientos sociales. En últimas, nos quieren poner a elegir entre los capataces del ubérrimo y los administradores de las trasnacionales: unos matan con motosierra y otros son cómplices de la muerte imperceptible. Concedo que, los segundos, dan un poco más de tiempo para reaccionar.

Veamos las argucias del Mockusismo- Fajardimo y su bufón de turno.

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Nada más politiquero que autodenominarse apolítico
Una argucia que el señor Mockus nos vendió, fue la idea que él era antipolítico, que los partidos no servían para nada y que lo más sucio que había era el parlamento y las alianzas; que patatín patatán. Pero, resulta que le gustó ser candidato una y otra vez, buscar votos, ir al parlamento, fundar partidos y eso sí, las alianzas desde Noemí, pasando por camuflarse como indígena. En materia de alianzas, resultó muy astuto, hasta el punto de juntar lo injuntable en el PVC, ¡aaah! Eso sí, sin ir a molestar a Uribe; es decir, sin gente de izquierda, sin el PDA, sólo con renegados. En conclusión, la antipolítica – herramienta del Consenso de Washington- resultó ser la llanta de repuesto del establecimiento para oxigenar “las oligarquías emergentes”, que reemplazaron la vieja dirigencia política, por una tecnocrática de pensamiento único y felices porque el neoliberalismo es El Fin de la Historia.

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La croactividad, un legado tan grande que hasta Uribe lo copió
No está bien que cierta “opinión” bien informada se comporte como Funes el memorioso de Borges, que tenía capacidad de recordar lo que le interesaba pero no de proyectar. A muchos se les olvidó que cuando Uribe nos propuso sus sapitos universitarios, la idea ya tenía marca registrada desde la administración Mockus del año 2003, cuando planteó que el sapeo sería la solución para resolver los problemas de convivencia ciudadana.

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Los rasgos indígenas de Mokcus/Fajardo y el uso instrumental de lo raizal
Si en algo ha sido cuidadoso el PDA, es en interlocutar con reconocimiento y actuar en luchas concretas con el movimiento indígena y el movimiento raizal. Otra experiencia es la que han vivido estos “Verdes”, que asumen el nombre indígena según la oportunidad para inscribirse, sumar unos cuantos votos y después cambiarse la camiseta. Una cosa es la comprensión de este asunto social como nos lo enseñó el maestro Orlando Fals Borda, y otra muy diferente es el uso instrumental hecho por Fajardo y Mokcus, manipulando la cuestión indígena. Si ellos con sus rasgos tan raizales, y fueran unos convencidos de la lucha de los pueblos originarios, ¿porqué no continuaron llamándose ASI? Quizás el verde les calzaba mejor para la ocasión.

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No debemos olvidar que Antanas abrió las compuertas a la autofinanciación de la UN
Con consecuencias tan ciertas, por lo funestas, que hasta el megauribista rector Wasserman se atrevió a desafiar al caudillo armándole un sindicato de rectores para pedir financiación de la universidad pública, imitando a esas turbas de revoltosos que tanto les molestan. Mockus ejecutó con sobresaliente aplicación las políticas de ‘Apertura Educativa’, siendo el rector nombrado por la dupla Cesar Gaviria/Hommes. Pero, además, no hay que olvidar que en su alcaldía implementó el sistema de concesiones basado en la Ley 715 de 2001. Sería muy extenso reseñar el daño hecho a las Empresas Públicas del Distrito.

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No todo lo verde es ecológico
Es caricaturesco, el nombre de Partido Verde; frente a lo que significan sus postulados. El legado es claro, ciudades organizadas para que quepan más carros y transiten mejor las mercancías, es decir, ciudades más grises y cuadriculadas para la confianza inversionista. El grupo más avanzado de estos “verdes” representa un ecologismo ligth, cuyos slogans buscan calmar la mala conciencia de las capas medias, que tienen información de los graves daños que el industrialismo ha causado al medio ambiente, pero se pintan de verde para poder seguir consumiendo, sin tanto remordimiento, productos con verde maquillaje. ¿Será que esta agrupación es capaz de hacer un programa ecológico antisistémico? ¿Será que el señor Peñalosa es capaz de ceder frente sus ganancias de Transmilenio S.A. y dejar de atravesarse al sistema masivo de transporte? ¿Quién los vio comprometidos en sacar adelante el referendo del agua? Siendo amigos todos ellos del TLC, ¿cómo van a combinar su aplicación con los devastadores megaproyectos?

Así pues, que echar a rodar el voto por Mockus es como salir a trotar por la cinta de Moebius. En el camino nos encontraremos, según el momento, a un antipolitico, un centrista, un demócrata, un aconductador, un administrador y, en fin, volveremos en complejo viaje al punto de partida invertido y nos encontraremos con lo que es: un administador de la Nueva Derecha. En tal sentido, no hay que dejarse llevar por espejismos y redoblar los esfuerzos por ganar a ese grupo para que salga del analfabetismo funcional en política. Por el contrario hemos de fortalecer lo más parecido a una alternativa para sacar a Colombia de esta crisis: el PDA. Claro, hay que gozarse creativamente el viaje por la cinta, pero eso sí, siempre teniendo a mano la ecuación –léase programa- que nos permita, en todas las circunstancias y planos, estar ubicados a la izquierda.

El PDA, y con él Petro, representan la posibilidad de juntar la inteligencia, la lucha honesta y el acumulado histórico en el cual los destacamentos más avanzados del pueblo han colocado sus esperanzas. No puedo dejar de reconocer que sostener una discusión con Mockus es enriquecedor; pero, indudablemente era mejor discutir en el ámbito del “anfibio cultural” que con el metamorfoseado “reptil político”. Su destemplado tenor, Peñalosa, cual camaleón, hace uso instrumental de lo ecológico, pero, en el fondo, hace parte de los grises a quienes, con buenos modales, sólo les interesa el capital. Lucho y el otro garzón… “perdónalos señor, se hacen los astutos, pero en el fondo no saben quién los utiliza”.

O trabajamos duro para ir a la segunda vuelta, o vamos preparándo el higado, pues en política los errores se pagan con mayores dosis de purgante. La tarea es trabajar por darle al PDA el lugar de oposición consecuente y de alternativa para construir otra Colombia, con un modelo alternativo de desarrollo. Hay que difundir con fuerza el Ideario de Unidad, para que gentes decentes y hasta bien intencionadas no se deslicen confusamente al farragoso mundo mockusiano.

Nota: si queda algo de memoria, no hay que olvidar lo que hicieron los dueños del capital en Perú. Una vez Fujimori “pacificó” el país, lo desecharon y buscaron al inteligente y amaestrado Toledo, quien raspó la olla, profundizó el modelo y… allí están los resultados.
Alfredo Holguin M.
Militante del PCC (PDA)
Miembro de la Fundacíon Walter Benjamin.
Tomado de http://www.pacocol.org

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