Pequeña burguesía y fascismo. Santos, Mockus, Petro: candidatos del Status Quo de iniquidad para Colombia

Ninguno de los candidatos a las elecciones presidenciales presentan soluciones reales a los problemas sociales: 20 millones de pobres, 8 millones de indigentes… ni siquiera los tratan como asunto de campaña electoral.

Por Alberto Pinzón Sánchez

El fascismo no es nada sin la clase media. Es más, Gramsci disecando el fenómeno fascista se atreve a decir, que si bien este es el servidor de los grandes capitalistas y de los agrarios; constituye paralelamente “la ultima encarnación política de la pequeña burguesía”. No de otra manera se puede entender lo que en Colombia se llama la “pasarela hacia arriba” de los dos dos Garzones, Lucho y Angelino, o la celebridad mediática adquirida en las últimas semanas por el profesor Antanas Mockus, o el triunfo de Petro y su fracción dentro del PDA. O el editorial (diez años trasnochado) de Gossaín, el director de Radio Cadena Nacional, soporte fundamental de fascismo de Uribe Vélez.

Las clases medias (y en plural) tan abundantes en la sociedad colombiana, siempre han jugado el papel de sostenedores del régimen oligárquico dominante: Han sido lo que Poulantzas (1) llamó “clase-apoyo del Estado”, validándolo política e ideológicamente, y siendo como clase estudiada o capacitada la fuente de cuadros para la administración y la política mediante su instrumentalización como clientela. Sus intereses de clase (casi siempre ocultos o mimetizados) encajaron y funcionaron la mayoría de las veces, con los de la oligarquía latifundista y financiera transnacional dominante en Colombia.

Aunque también, hay que reconocerlo, en otras ocasiones y dependiendo de la coyuntura, “bascularon” y se acercaron a los intereses de la clase trabajadora incluso dirigiendo con relativo éxito, partidos llamados “del proletariado”. Pero la constante siempre ha sido su dependencia y sometimiento a los intereses de la clase dominante y por esta razón histórica no ha existido en Colombia una expresión clara y autónoma de sus pequeños intereses de clase, que siempre han sido cooptados por los dominantes.

Ejemplo de ello son la Constitución de 1991 donde se amplió el bipartidismo hegemónico, o la participación masiva de la clase media en la elección de Uribe Vélez, quien les prometió acabar con quienes les impedían sus “viajecitos de fin de semana a tierra caliente”, y su posterior apoyo irrestricto y sostén al gobierno de la “seguridad democrática”. Y más recientemente, los pactos político-burocráticos para elegir un cuadro típico del nacional-catolicismo (o fascismo español) como el actual procurador Ordóñez.

Pasados estos ocho años del fascismo uribista que con tanta furia o ahínco sostuvieron, y enfrentados a la realidad del gran desastre social, económico, moral e internacional que ha significado el régimen de la “seguridad democrática”, la pequeña burguesía golpeada como clase sometida que es, se dispone, unidas sus diferentes fracciones, a ingresar políticamente en el panorama político electorero colombiano, expresando sus intereses “propios” de clase, coincidentes totalmente con los de sus jefes: “Cambios en la superficie, sin cambiar el fondo”.

Recobrar el manto de legalidad perdida durante esta larga noche del terror del Estado, para recuperar la legitimidad, y continuar la guerra y la explotación neoliberal aparejada. Es por esto que ninguno de los candidatos a las elecciones presidenciales a realizar el próximo mes en Colombia, ni de los partidos de la oligarquía, ni los de la clase media, presentan soluciones reales a los ingentes problemas sociales que hoy aquejan a los trabajadores colombianos. Es más, ni siquiera los tratan como asunto de campaña electoral.

En esta hostigante y empalagosa campaña electorera, los candidatos de la oligarquía y de la “honrosa” clase media han basado sus ilustrados programas en insultarse y denunciarse mutuamente frente a la galería, pero obviando los temas de fondo que mueven e interesan a la sociedad:

Frente al desempleo, Juan Manuel Santos le ofreció el Ministerio de Trabajo al director del SENA. Frente a la guerra geoestratégica imperial, es mejor una “hiena que un caballo discapacitado”. Frente al colapso del sistema de salud, es mejor seguir financiando la salud con impuestos antiéticos a las putas, a los borrachos, a los fumadores y a los tahúres. Frente a las relaciones internacionales, todos opinan que “depende de lo que diga el míster”. Frente a la justicia y la reparación, Petro ofrece inmunidad eterna al miniführer y Corte Penal Internacional a los guerrilleros.

Y así la pequeña burguesía colombiana toma conciencia de sus “propios” intereses de clase (que son los de sus jefes naturales) preparándose a entrar en el proceso electorero colombiano, tomando distancia “legal” frente al fascismo uribista que tan intensamente apoyó y ayudo a trasmitir durante estos largos años de democracia genocida, pero con la pretensión oculta o simulada de dirigir en el futuro a la clase trabajadora

NOTAS:

(1) Poulantzas Nicos. Fascismo y dictadura. Siglo XXI editores. México. 1 ed 1971. Pág. 275 y siguientes

(*) Alberto Pinzón Sánchez es médico y antropólogo, y participó en la Comisión de los Notables en el pasado Proceso de Paz en Colombia

http://www.argenpress.info/2010/04/colombia-pequena-burguesia-y-fascismo.html

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