Jorge Enrique Robledo, Bogotá, 14 de mayo de 2010

Todo colombiano tiene derecho a votar por quien quiera y debe repudiarse la propaganda negra. Pero también es deber ético de los dirigentes librar a fondo el debate político, defendiendo sus propuestas y controvirtiendo las que no comparten, de manera que se eleve el nivel de la discusión, se entiendan mejor las distintas opciones y se deposite un voto consciente. El debate serio y a fondo, además, debilita la politiquería, que reemplaza el análisis sobre los hechos por los ataques a las personas.

Debo entonces decir que se equivocan en grande quienes piensan que si votan por Mockus y el Partido Verde votan por una propuesta intercambiable con la de Petro y el Polo Democrático Alternativo. Porque sus propuestas se enmarcan dentro del Consenso de Washington, la apertura, el neoliberalismo, el libre comercio, las privatizaciones y los ucases del Fondo Monetario Internacional, mientras que las del Polo no. En este sentido, su programa coincide más, mucho más, con el de Santos, Noemí y Vargas, y con el de Álvaro Uribe. Para comprobarlo basta comparar sus posiciones con las de los polistas sobre temas concretos de importancia decisiva, tales como la soberanía, los TLC y las bases de guerra gringas, la ley 100 y los decretos de la emergencia social, la reforma laboral y las cooperativas de trabajo asociado, las privatizaciones y hasta la parapolítica y la seguridad democrática. De acuerdo con la revista Dinero de abril pasado, “sus propuestas económicas (las de Santos y Mockus) son muy parecidas”. Y el candidato Verde dijo: “yo no tengo ninguna pendencia con el presidente Uribe, pues tiendo a admirar su obra” (El Espectador, May.22.10, p. 22).

Por confusión o viveza, podrá plantearse que se exagera la importancia de las diferencias. Grave error. Porque las desemejanzas se refieren nada menos que a las causas del infierno en el que se ha convertido el país para tantos, entre el que están el 70% de los colombianos en edad de trabajar que se encuentran en el desempleo o el rebusque, los casi treinta millones de pobres y las multitudes que sufren enfermedad y muerte por males que la medicina sabe curar, entre otras lacras sociales que pueden evitarse.

Prometer “soluciones” al atraso productivo del país, al desempleo, la pobreza, la falta de salud y educación, entre otros, pero dentro del modelo económico neoliberal, es como ofrecer la cuadratura del círculo; no pasan de ser ignorancias o astucias que les empeorarán la vida a los colombianos. No hay que ser filósofo para entender que si no se atacan las causas de los problemas, estos no pueden resolverse. Carece de seriedad afirmar que la corrupción es la única razón de los males del país, para no profundizar en la conocida identidad entre neoliberalismo y corrupción.

Estábamos en estos debates democráticos cuando Antanas Mockus decidió hacerle un ataque matrero a Gustavo Petro y al Polo Democrático Alternativo, utilizando la misma infamia con la que el Presidente Uribe y la extrema derecha uribista han buscado destruir al principal partido de oposición en Colombia, conspiración que acaban de demostrar los documentos del DAS que encontró la Fiscalía General de la Nación. Es obvio que nos acusan de lo que no somos para ocultar lo mucho que nos detestan por lo que sí somos, es decir, leales adversarios de las medidas neoliberales, las cuales no son peores por la oposición que el Polo y otros sectores hemos ejercido en su contra.

Con cada día que pasa, y así lo reflejan distintos hechos, aumentan los colombianos que rompen con las manipulaciones de que ha sido víctima como nunca el país y entienden que la única propuesta que apunta a modificar profundamente el actual orden de cosas es la del Polo Democrático Alternativo y concluyen que debe votarse por Gustavo Petro.

Coletilla: el TLC con la Unión Europea debe arruinar 400 mil pequeños y medianos ganaderos, aplastados por subsidios agrarios de más de 100 millones de dólares al año, según explicaron los presidentes de la SAC, Fedegan y las demás agremiaciones del campo. Lo dicho, dicho está. El afán del presidente Uribe por ir a Madrid a firmar protocolariamente el TLC obedece a que ese acto se usará como una absolución en derechos humanos para lucir en Estados Unidos y Canadá, donde los respectivos tratados están varados, con razón, por esa causa. Así, las trasnacionales europeas reconquistarán el derecho a entregar espejitos a cambio de las riquezas de los colombianos.

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