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Por: Alejandro Burgos, Banco de Datos – Cinep

443 cuerpos reconoce la Fiscalía General de la Nación sepultados como personas no identificadas o NNs en el cementerio clandestino de la Macarena, municipio del Meta, si se les puede llamar sepultados a cientos de personas que han sido ejecutadas, y muchas vestidas de guerrilleros dados de baja en combate y luego lanzadas desde un helicóptero a un hueco árido y frío. La procuraduría en cambio habla de más de 2000 cuerpos sin identificar; sea 1 persona, o 443 personas o 2000 personas, han sido tiradas por el ejército a un hueco como lo más despreciable de la tierra, desconociendo su derecho a la vida a su integridad personal a su último aliento y a su digno deceso y posterior entierro de una forma cristiana y reconocida por los mortales que aún contamos con la suerte de seguir vivos.

Están en una fosa común, que se dice ser la más grande de latinoamérica, unos encima de los otros, unos pegados a los otros, quizá compartiendo bajo tierra un mismo sufrimiento, un mismo dolor y un mismo pecado, que es el de ser mostrados como resultados positivos para las fuerzas militares de Colombia, dejaron de ser personas con sueños y esperanzas, dejaron de ser un un proyecto digno de vida para pasar a ser un proyectil indigno que acabo con otra vida, dejaron de ser padres, madres, hermanas, hermanos, hijos, hijas, vecinos, compadres, comadres, amigos, compañeros y soñadores, para pasar a ser una cifra que llene las estadísticas de los libros de los héroes de la patria, para pasar a ser una cruz con un rectángulo en la parte de arriba que dice que número de muerto es y en que año fue asesinado, números separados por un guión que conduelen a miles de familiares de víctimas y a unos pocos colombianos, que no pueden ver más que muchos palos estadísticos. Son 2000 o más los cuerpos que están detrás de una base militar del ejército nacional, son decenas de palos estadísticos custodiados por la policía nacional.

Ejército y Policía cuidándose los unos a los otros, el lobo cuidando a la hiena y el ratón al queso, “preservando la democracia maestro” y consolidando la seguridad democrática que ahora es la prosperidad democrática.

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