Alberto Maldonado S.
http://www.rebelion.org

El sábado 7 de agosto/2010, en la Plaza Bolívar (centro histórico de Bogotá) se posesionó como nuevo Presidente de Colombia, el señor Juan Manuel Santos. A ese acto concurrió –contra todo pronóstico- el Presidente de Ecuador, Rafael Correa Delgado quien rompió relaciones diplomáticas con Álvaro Uribe, a consecuencia del atroz ataque contra el campamento de Angostura (marzo 1/2008) un ataque causó 25 muertes, tres heridas y del cual su Ministro de la Defensa (Juan Manuel Santos) dijo, ya de candidato presidencial, para él “había sido un orgullo ordenar el ataque contra la base clandestina de las FARC, en territorio ecuatoriano”; y agregó, en otras declaraciones, que “volvería a hacerlo si fuera necesario”

A este acto de posesión concurrió también el Ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela (Nicolás Maduro) en representación del Presidente Bolivariano Hugo Chávez, quien, ni cuatro semanas atrás, rompió relaciones con Uribe a raíz de que este denunciara que “1.500 terroristas de las FARC y el ELN” se encontraban a sus anchas en territorio venezolano; y, desde ahí, planificaban ataques contra la “seguridad democrática” de Colombia.

Para sorpresa de todos, especialmente del “padrino” Uribe, no solo que el nuevo Presidente, en su discurso de apertura, dijo y repitió que quería tener buenas relaciones con sus vecinos (Ecuador y Venezuela) sino que concertó, vía UNASUR (Néstor Kirchner) una entrevista con Hugo Chávez, para el martes siguiente (agosto 10/2010) Encuentro, que desde luego, se realizó cumplidamente ese día en San Pedro Alejandrino, la localidad donde se encuentran los restos mortales de Simón Bolívar.

Hace falta recordar que en esta cita extra pero cumbre entre los dos mandatarios, en menos de cuatro horas de conversaciones, firmaron un acuerdo de entendimiento y decidieron reanudar relaciones plenas de inmediato, para lo cual nombrarían sus nuevos embajadores.

Pero, cuando amanecía el jueves 12, como a las 5:30, estalló un coche bomba con más de 60 kilos, justo frente al edificio del imperio Caracol (radio y televisión) una red mediática que se había caracterizado por su incondicionalidad ante el gobierno de Álvaro Uribe, en cuya defensa y preservación, desató, durante dos períodos (8 años) lo que hoy se conoce como guerra mediática. Del atentado, salieron con heridas leves unas treinta personas; pero, se registraron daños considerables en los edificios del sector.

No se tardaron sino tres o cuatro horas, hasta que los políticos uribistas y los sabuesos policiales que actuaron en el caso, comenzaron a propalar a los cuatro vientos que las sospechas de la autoría de semejante atentado “se dirigía hacia las FARC” Ágiles como son, los libretistas de crónica roja de la inteligencia colombiana, más los analistas políticos y militares, encontraron rápidamente que “no podían ser otros que los bandidos de las FACR” los autores del atentado terrorista, que para eso son TERRORISTAS.

Contrariamente a lo que se esperaba, el nuevo Presidente, mas bien, se manifestó muy prudente; y, en lugar de adelantar juicios de opinión y culpables a los ya conocidos “terroristas”, dijo que el atentado será investigado y hasta ofreció una recompensa equivalente a unos 250.000 dólares USA a quienes den información cierta y evidente sobre la identidad de los autores materiales e intelectuales del hecho.

Y aquí vienen “mis lucubraciones” contrarias a la tendencia que han manifestado en estos días los medios sipianos (de la SIP-CIA) del continente. Para ellos, los autores del atentado “no pueden ser otros” que los terroristas de las FARC; y se respaldan en informaciones, aseveraciones, análisis y denuncias que han hecho, a través de los medios masivos del sistema, sus “siempre bien informados” periodistas. Hay que advertir que, en los últimos años, Uribe y sus sabuesos encontraron un gran culpable de todo asesinato, secuestro, bombazo o tráfico de estupefacientes: los terroristas de las FARC. Prácticamente la delincuencia común y especializada, en Colombia (que siempre ha sido audaz y creativa) desapareció de los expedientes policiales y de la crónica roja para dar paso a la gran culpable: “las FARC” Y uno de los problemas de la extrema derecha política y militar es que ellos mismos terminan creyéndose las mentiras que lanzan.

Es oportuna, en consecuencia, la pregunta: ¿a quién o a quiénes beneficia el bombazo del jueves 10? Para alguien que tenga dos dedos de frente, un poco de dignidad y otro tanto de sentido común, ese bombazo no beneficia a las FARC. Al contrario, el ambiente de distensión promovido por Santos y su equipo de gobierno, más una declaración del Secretariado de la guerrilla, pidiendo una conversación con el nuevo Presidente y la respuesta de este, en el sentido de que no cierra ninguna puerta ni ventana a conversaciones de paz; pues sería de necios y de imbéciles (y los guerrilleros no lo son) pretender cortar ese camino con un bombazo insensato.

Entonces, ¿quiénes están tras este bombazo? Sin ser ni adivinos ni expertos en temas de investigación, ese bombazo es, claramente, una advertencia de la extrema derecha uribista; de esa extrema derecha que ha gobernado a sus anchas, 8 años; que prometió y no pudo “liquidar militarmente” a los terroristas; en dos años; y que promovió, en cambio, un militarismo más que perverso, atroz, con aquello de los “falsos positivos”, las fosas comunes del Meta con más de dos mil restos humanos y el crecimiento del enorme negocio del narcotráfico.

Hay algo más. En el mundo del fascismo, sus actuaciones están fríamente calculadas. Su estrategia se orienta a desatar situaciones de terror en la población y a encontrar “rápidamente” culpables que, ¡oh coincidencia! siempre son sus enemigos o sus adversarios. En el caso de Colombia, “los terroristas de las FARC” La historia mundial está plagada de casos semejantes que sería largo enumerarlos. Para muestra, solo un par de botones:

Los y las ecuatorianas –que ya hemos pasado nuestros primeros 50 – 60 años- recordamos que, en 1963, comenzaron a estallar bombas terroristas en el entorno de la casa del cardenal primado de la iglesia católica, de algunos templos emblemáticos

como la catedral. Los servicios de “inteligencia militar y policial”, los políticos falangistas, diarios sipianos, sin más, comenzaron a “sospechar y acusar” a los comunistas de esos tiempos como los autores de esos atentados contra la Santa Madre Iglesia Católica, contra Dios. Y, desde luego, semejantes sospechas en un país de tradición cristiana, como Ecuador, rápidamente deterioraron el Gobierno “izquierdista” de Carlos Julio Arosemena, a quien, la CIA y los militares golpistas de esos años querían derrocar por haber viajado a la URSS sin el consentimiento de ellos; y por haberse negado a romper relaciones con Cuba. A la final, Carlos Julio fue derrocado por los jefes militares, acusado de “borracho, haberse meado en una comida que daba a un contralmirante gringo” (lo cual resultó ser una mentira descomunal) Fue reemplazado por una Junta Militar de Gobierno que la presidió el contralmirante Ramón Castro Jijón, un “bohemio” más escandaloso que el propio Carlos Julio.

Otro caso, esta vez en Bogotá, Colombia. El 19 de octubre/2006 un uniformado entró sin problemas en un complejo militar del norte de la capital, estacionó su camioneta Ford Explorer cerca de la Universidad Militar y desapareció. Minutos después estalló un artefacto sin causar víctimas mortales y si daños materiales en el entorno. Dos horas después, se presentó el Presidente Uribe, “con santa indignación” condenó el atentado y las atribuyó sin más a los “terroristas de las FARC” Ese mismo momento, el para presidente colombiano “renunció” a ningún acuerdo humanitario al que había tenido que comprometerse, presionado por gobiernos amigos y por políticos progresistas de su país. Total, con el pasar de los días, se comprobó que si las FARC hubiesen sido las autoras del bombazo, habrían tenido muchas dificultades para llegar al corazón del bunker militar y habrían hecho explotar el vehículo, pero para causar daños mayores.

Podríamos seguir citando casos como el del famoso Golfo de Tonkin, que le sirvió a EE.UU. le declare la guerra contra Vietnam del Norte ya que estaba metido hasta los huesos en Vietnam del Sur. O el famosísimo caso del 11 de septiembre/2001 (11-S) que derribó tres torres del Centro Mundial de Comercio, en la mismísima New York. Hasta ahora los servicios de inteligencia norteamericanos no han aclarado preocupaciones de Ralph Shoeman, que públicamente declaró que ese acto de terrorismo había sido “un trabajo interno” Y el desafío que lanzaron 50 físicos norteamericanos quienes, públicamente, pidieron que el Gobierno BUSH explique, como fue posible que por lo menos las dos torres que fueron impactadas por aviones civiles secuestrados, se desplomaron (se hundieron junto a la tercera torre) cuando debían solamente derrumbarse hacia un costado, las partes que estuvieron encima del sitio de los impactos. Sin embargo, ese acto bestial de terrorismo sirvió de pretexto para que Bush y Cia invadieran Afganistán (hasta ahora la ocupan) en busca del malvado Bin Laden y su grupo terrorista Al Qaeda (que desaparecieron como por encanto).

Por lo tanto, sin ser ni expertos antiterroristas ni politicólos, el flamante Presidente Santos, si persiste en su nueva política de pacificación y acercamiento, ya sabe en qué sector debe investigar.

(*) Alberto Maldonado S. es periodista ecuatoriano.

Anuncios