Con búfalos calman el hambre de paz
El premio lo entregan este 24 de noviembre el PNUD, Fescol, Caracol Radio, Caracol Televisión, Semana y EL TIEMPO
Félix Leonardo Quintero / Miércoles 24 de noviembre de 2010

A 42 grados centígrados de temperatura y con un sol ardiente, Carlos Enrique Martínez, de 52 años, usa un pedazo de guadua entre sus callosas manos para arrear, junto a sus vecinos, los 400 búfalos que hay en la calurosa Aldea Comunitaria de Puerto Matilde, en Yondó (Antioquia).

Con sombrero amarillo, botas de caucho y portando un machete atado al desgastado pantalón oscuro, el curtido hombre es uno de los colonizadores de esta región. Además, es dirigente de la Asociación Campesina del Valle del Río Cimitarra (ACVC), que ha sobrevivido al asesinato de cinco directivos y más de 50 campesinos de esta organización a manos de grupos armados.

La vida del caserío, al que se llega desde Barrancabermeja tras dos horas de recorrido por los ríos Magdalena y Cimitarra, está ligada a la asociación que se fundó en 1996 en Cantagallo (sur de Bolívar), después de un éxodo campesino.

Puerto Matilde -que no tiene puerto- era una vereda habitada por una abuela de nombre Matilde, que murió viendo transitar por esas tierras sin dueño a paramilitares, guerrilleros, hombres del Ejército y a la Policía, que se enfrentaban a diario.

En invierno, las carreteras desaparecen y los ríos son su único medio de contacto con Barrancabermeja. Los ríos se convirtieron en “cementerios”, y perdieron la cuenta de los cuerpos que vieron flotar.

Secándose el sudor con un poncho blanco, Martínez recuerda que ex cultivadores de coca, colonos y campesinos del sector llegaron hasta Puerto Matilde y se asentaron en 600 hectáreas, titularon 300 y dejaron el resto baldías, para las cuales trajeron los búfalos, el proyecto estrella de su supervivencia.

La asociación reúne a 120 juntas de acción comunal de Cantagallo y San Pablo (sur de Bolívar), Yondó y Remedios (Antioquia) y el corregimiento Ciénaga del Opón (Barrancabermeja). Así, construyeron un acueducto y 30 viviendas, en las que florecen las heliconias, los cayenos y los árboles frutales, donde antes había rastrojo.

“Hicimos varios éxodos a Barrancabermeja para exigirle al Gobierno seguridad, tierras, preservación de los derechos humanos y estabilidad social. Por esos viajes nos motivamos a crear la asociación, pero desde ese momento también comenzó una persecución contra nosotros”, dice Luis Carlos Ariza, otro integrante de la ACVC.

Los búfalos y la violencia

Tras poblar la vereda con ayuda del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio (PDPMM), Sena y la Universidad Javeriana, pues -aseguran ellos- el Gobierno no les colaboró, la cooperación internacional les dio ’otra manito’ y les ayudó con la adquisición de 70 búfalos hembras y diez reproductores, que se multiplicaron y ahora son 400.

Los pesados semovientes fueron adquiridos en una finca de Barrancabermeja y conducidos, en camiones, hasta la vereda Jabonal, donde, aprovechando el verano, pasaron ’arriados’ el río Cimitarra para llegar hasta Puerto Matilde.

“Al principio, algunos les tendían miedo a los búfalos; pero nos acostumbramos. Son tan mansos que los ordeñamos sin ’maniarlos’ (sin atarlos) y los niños se montan en sus lomos. La leche, la carne y el queso se venden a compradores que ya vienen hasta acá”, agrega Martínez.

Mientras los cuidan, por las difíciles trochas en las que las yeguas y los labriegos se entierran en el barro hasta las rodillas, Martínez, Arias y seis campesinos más cuentan que la arremetida ilegal hacia la organización se intensificó con la llegada de los paramilitares, entre el 2000 y el 2002. “Para algunas autoridades somos subversivos, pero en nuestra conciencia prima que somos defensores de la vida, porque los derechos humanos deben ser respetados a toda costa”, aseguran.

Esos señalamientos obligaron a que, en el 2007, se convocara una asamblea extraordinaria, porque los 16 dirigentes que en ese entonces conformaban la junta directiva fueron investigados por supuestos vínculos con la guerrilla. Incluso, seis fueron detenidos, pero recuperaron la libertad, pues fueron retirados los cargos en su contra.

En un quiosco de paja-pulla y madera, donde mitigan el canicular sol y comen queso de leche de búfalo con panela, Miguel Ángel González, otro integrante de la ACVC, cuenta que en la época más violenta los grupos armados obligaron a varios directivos a exiliarse en otras zonas del país.

Cómo funcionan

“A las familias que quieren ingresar al programa les entregamos 10 hembras y un macho, que debe devolver a la asociación en 5 años. A los 7 años, la familia debe entregar una hembra parida y los animales que le queden son suyos”, manifiesta González, al tiempo que enseña la huella de un tigre que ha devorado a 27 reses y diez perros. “Por esto también les apuntamos a los búfalos, porque a ellos no los atacan las fieras salvajes y, por ahora, tampoco los violentos”, agrega el campesino.

Mientras los campesinos hablaban de que vivían una aparente calma, se escucharon los helicópteros del Ejército y las ráfagas de disparos que varios soldados hicieron en una vereda cercana, cuando perseguían a presuntos guerrilleros de las Farc. “¿Sí ve, mijo?: es una aparente calma, porque en cualquier momento la tranquilidad es interrumpida bruscamente”, señala Carlos Martínez, quien explica que sus viajes a Barrancabermeja no son frecuentes, porque cuando alguien debe viajar tiene que contar con 450.000 pesos para la gasolina de las chalupas.

Miguel Cifuentes, vocero la ACVC en Bogotá, precisa que en las tres seccionales de la asociación, noreste antioqueño, valle medio del Cimitarra y sur de Bolívar, también se realizan proyectos de trapiches comunales, trilladoras de arroz, cabras lecheras, estanques piscícolas y huertas orgánicas, entre otros. “Ahora le apuntamos a que el Gobierno nos conceda en la región una Zona de Reserva Campesina, en la que podamos titular más de 180.000 hectáreas”, concluye Cifuentes.

Por ahora, en Puerto Matilde sus 150 habitantes terminan de construir un trapiche para, junto con los búfalos, seguir calmando el hambre de paz.

Galardonados de la paz

Hoy, a las 6:00 p.m., en el Museo Nacional, en Bogotá, la Fundación Social Macoripaz de Riosucio (Chocó) y la Asociación Campesina del Valle del Río Cimitarra (Antioquia) recibirán el Premio Nacional de Paz 2010, consistente en 70 millones de pesos. A la Corporación VallenPaz se le ortorgará Mención Especial por su propuesta de desarrollo sostenible y generación de ingresos. Habrá Premio Honorífico para monseñor Nel Beltrán, obispo de Sincelejo; monseñor Luis Augusto Castro, arzobispo de Tunja; y monseñor Leonardo Gómez Serna, obispo de Magangué “por su defensa de la vida y la reconciliación”.

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