Por: Leonardo León Prensa Universidad Ingeniería Crítica

Haciendo un análisis dialéctico de la historia se puede decir que ésta no es lineal ni siempre va hacia el “evolucionismo social” sino que por el contrario hay avances y retrocesos en la lucha de los pueblos por su desarrollo y emancipación. Ejemplo de ello es cómo en Colombia el sector más atrasado de la burguesía nacional se tomó el poder en todas las esferas del país, fracción que en muchos países ya no existe incluso hace siglos: el latifundismo. Pero esta capa social aquí tiene unos elementos característicos propios de una región del mundo donde hay una superposición de etapas históricas que existen al mismo tiempo y en un mismo lugar, las cuales son representadas por sectores que se complementan, alían, odian o repulsan según los intereses particulares de cada uno, lo cual concretamente se vio reflejado en una coalición de las castas dominantes para llevar a la cúspide del poder a su parte más retrógrada, los representantes del feudalismo del siglo XXI.
En Colombia, luego de la “independencia” de España, nunca se dio una verdadera revolución por parte de ningún sector, ni siquiera de la burguesía; la nueva clase dirigente cumplió únicamente el papel de reemplazar a los antiguos funcionarios de la corona dejando casi intactas las demás relaciones de poder con respecto a las otras capas sociales. Así las fracciones de la oligarquía en algunas ocasiones se han enfrentado en cruentas guerras civiles sobre todo en el siglo XIX, aunque los muertos siempre los ponen los pobres, y en otros momentos se han aliado y se han repartido el poder político como en el caso del Frente Nacional, dejando continuamente excluidos a las grandes masas populares.
Pero esas clases dominantes no han sido homogéneas. No solamente se han dividido entre liberales y conservadores sino que tienen diferentes intereses como sector social aunque tienen en común muchas cosas como una casi homogénea actitud de servilismo hacia los países más desarrollados como Estados Unidos, careciendo por completo un verdadero sentimiento nacionalista, así sea que en el discurso siempre lo usen de manera chovinista y oportunista con el único objetivo de mantener las relaciones de dominación existentes.
Los dos grandes sectores de la clase dominante actual son: 1. la oligarquía tradicional, aquella que ha vivido en las grandes ciudades, que ha controlado el capital industrial y financiero, además de los grandes medios de comunicación, han puesto todos los presidentes de Colombia desde Santander e incluso algunas familias han tenido varios mandatarios y han hecho parte de muchos gobiernos, caso la familia Santos. Y 2. Por otro lado ha emergido una lumpen burguesía nacida del feudalismo, nunca superado, heredado por el imperio español, también de los carteles de las drogas ilícitas y de los instrumentos ilegales creados por los dueños de los medios de producción, (para apropiarse de mano de obra barata y de nuevas tierras fértiles) llámense paramilitares, chulavitas, águilas negras, pájaros o como ahora la prensa llama eufemísticamente “bandas emergentes”. Claramente se puede entender de qué sector viene Juan Manuel Santos y de cual Álvaro Uribe Vélez.
Juan Manuel Santos “hace parte de la históricamente influyente familia Santos, su abuelo era el notable periodista Enrique Santos Montejo “Calibán”, una de las plumas más respetadas del país, quien era hermano de Eduardo Santos Montejo, Presidente de Colombia en el período 1948-1942, y dueño durante varias décadas del diario El Tiempo. (…) Su tatarabuelo en línea directa materna Aristides Calderón Reyes, era hermano de Clímaco Calderón Reyes, Presidente de Colombia en 1882. Su tatarabuela Francisca Ricaurte Camacho, era sobrina nieta de José Joaquín Camacho y Rodríguez de Lago, Presidente de Colombia, Prócer y Mártir de la Independencia de Colombia y prima segunda del Héroe de San Mateo el capitán Antonio Ricaurte. Juan Manuel Santos es primo en primer grado (primos hermanos) por parte paterna y materna del ex vicepresidente de Colombia, Francisco Santos Calderón”. (1)
Por su parte Álvaro Uribe Vélez hace parte de una familia latifundista con propiedades en Antioquia y Córdoba. Su padre, su hermano y él mismo han tenido relaciones cercanas con el cartel de Medellín tanto que en calidad de director de la Aerocivil ayudó a sacar toneladas de cocaína hacia Estados Unidos. Además propició la formación de las Convivir (más tarde paramilitares) como gobernador de Antioquia y se encontraba en una lista de la DEA en el puesto 82 como político aliado a narcotraficantes. Todo esto se puede ver en los libros Los Jinetes de la Cocaína de Fernando Garavito y Fabio Castillo, El Señor de las Sombras, Biografía no autorizada de Álvaro Uribe Vélez de Joseph Contreras y en Amando a Pablo, Odiando a Escobar de Virginia Vallejo, entre otros libros y documentos.
Así como en el siglo XX se unieron en el Frente Nacional, esta vez las oligarquías tradicionales pactaron con la clase mafiosa emergente en el 2002 para contrarrestar el peligro que les implicaba el avance de las guerrillas y para terminar de implementar el modelo neoliberal como efecto de la apertura económica hecha en el gobierno de César Gaviria. Por su parte la lumpen burguesía debía consolidar la estructura de poder paramilitar en ascenso desde 1984 y que ya les había generado la apropiación de millones de hectáreas de tierra con el desplazamiento de más de 3 millones de campesinos. Un excelente momento para sellar la alianza que llevó al triunfo de Uribe Vélez en la primera vuelta presidencial.
Con dicha coalición ganaba la burguesía puesto que podía terminar de desmontar ciertos beneficios a los trabajadores dados en el llamado “estado de bienestar” hecho con el ánimo de contrarrestar las ideas revolucionarias, las cuales ya no se veían como un peligro real al derrumbarse la URSS, aumentando las ganancias de los empresarios y cumpliendo los lineamientos impuestos por el FMI y el Banco Mundial; además frenaba el avance de la insurgencia que ya controlaba grandes zonas del país y que no permitían la presencia del Estado en varia regiones, evitando de esta manera ampliar los mercados y poder apropiarse de recursos naturales, además que perjudicaba los negocios por cuenta de los secuestros y extorsiones a las capas altas para financiar la lucha armada. Por otro lado ganaban los sectores mafiosos y terratenientes ya que podían culminar su proyecto de “refundar la patria” por medio de legalizar la apropiación violenta de las tierras, involucrándose en negocios legales como la palma africana, utilizando mano de obra barata que en algunos casos son campesinos despojados de sus tierras, a esto sumándole la entrega de predios desalojados por la violencia a “empresarios”, es decir a los mismos victimarios (un caso de esto es el escándalo de Carimagua (2) ).
Y efectivamente esos beneficios para las capas dominantes se vieron reflejados. Por un lado se precarizó el trabajo aun más gracias a la destrucción a sangre y fuego del sindicalismo proletario y a la sumisión de sindicatos de derecha como la CGT (ahora parte del gobierno Santos) y por medio de la extensión de políticas como las cooperativas de trabajo asociado, la eliminación de las horas extras, la imposibilidad de sindicalizarse en muchas empresas, entre otras. Además el gobierno de Uribe hizo de la salud, los servicios públicos y la educación negocios rentables en lo que antes eran derechos ciudadanos. Por otro lado la ley de Justicia y Paz junto con el programa Agro Ingreso Seguro legalizaron y legitimaron el proyecto paramilitar haciendo una pantomima de desmovilización, en donde los jefes paramilitares fueron silenciados al ser extraditados en unos casos y asesinados en otros, pero las estructuras siguieron funcionando con los mismos objetivos de siempre pero sin una unidad de mando y los jefes políticos no fueron siquiera tocados. Además en esa supuesta desmovilización, las tierras entregadas pasaron a de una mano a la otra del mismo cuerpo pero convirtiéndolas en legales incluso hasta con financiación del mismo estado por miles de millones de pesos y dejando a los campesinos pobres en una situación peor que antes, debiendo, en muchos casos, vender su mano de obra o teniendo que comprar los productos que antes podían producir para comer.
Es así que una vez todos los poderosos han ganado, la oligarquía tradicional necesita limpiarse un poco de lo que debió incurrir para mantener sus privilegios de clase además de recuperar el terreno cedido a esa clase emergente, razón por la cual no se da la segunda reelección y algunos miembros de la “clase política tradicional” como Germán Vargas Lleras ya habían hecho una separación con el régimen. Es así como algunos sectores burgueses más avanzados llegan incluso a impulsar la candidatura de Antanas Mockus a la presidencia al estorbarles un Uribe decadente y ajeno a su casta (3). Pero finalmente se inclinan por un representante muy propio de su clase, Juan Manuel Santos, el cual logra la unidad de todos los sectores dominantes, incluso del Partido Liberal que oficialmente no era de la coalición uribista.
La labor de Santos es, pues, la de consolidar las reformas antipopulares implementadas por Uribe manteniendo una base por medio de los subsidios de Familias en Acción pero alejándose del terrateniente en algunos aspectos, por ejemplo limpiando la imagen internacional del gobierno y de algún modo del país, bastante ensuciada por las actitudes y la extracción de clase de su predecesor. Santos, entonces, tiene un camino muy fácil para recorrer ya que la oligarquía ya tiene muchos más privilegios entregados por la anterior administración y además puede irse sacando de encima todo lo que “se vio mal” antes, como el lenguaje carente de diplomacia de Alvaro Uribe o la corrupción llevada al extremo por la mafia en el poder, pero continuando con lo “bueno”, es decir la dominación por medio del militarismo, gastando millones de dólares en armas y aviones, haciendo creer que es para combatir al terrorismo y con programas como la “confianza inversionista” que no es más que la entrega de los recursos naturales, materiales y humanos al capital transnacional, todo esto cuidadosamente maquillado por los medios de comunicación.
El gobierno de Santos es la retoma del control del Estado por parte de los mismos que lo habían manejado siempre pero con muchas más ventajas sobre la opinión pública gracias a 8 años de fascismo disfrazado de democracia que les reforzó sus privilegios sobre las grandes masas excluidas, lo que supone mayores niveles de popularidad y por lo tanto facilidades para gobernar, a no ser que los sectores más avanzados de la lucha social puedan explicar a la mayoría de la población el verdadero carácter del gobierno y los intereses que representa, los cuales son los contrarios a las verdaderas necesidades de un país cada vez más inequitativo y que por esa razón no ha podido superar los altos niveles de violencia arraigados en su seno.

Santos entonces no es Uribe III simplemente porque es de una extracción de clase muy diferente. Se necesitaba un retroceso cualitativo en cuanto al sector que estaba al frente del gobierno para que la oligarquía pudiera dominar más cómodamente y siempre salir victoriosa.

Referencias:
(1) http://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Manuel_Santos
(2) Caso Carimagua: ver http://www.recalca.org.co/Santos-seguira-con-el-modelo.html
(3) Ver: Mockus y Obama, una Historia Comparada en https://ingenieriacritica.wordpress.com/2010/05/26/mockus-y-obama-una-historia-comparada/

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