Por: Leonardo león

Ellos tienen los votos, nosotros la razón

Cientos de miles de ciudadanos se movilizaron el pasado 7 de abril por múltiples razones, en especial por el pliego nacional de FECODE y en oposición a la reforma a la educación superior, pero todas ellas se pueden resumir en que la gente marchó contra las políticas neoliberales del señor Juan Manuel Santos Calderón planteadas en el Plan Nacional de Desarrollo y sus “cinco locomotoras” que van hacia la continuación del atraso y el aumento de la riqueza de unos pocos.

Qué gran alegría saber que en lugares tan remotos como Leticia o en ciudades tan controladas por el paramilitarismo como Montería la gente venció el miedo y la apatía y se manifestó de diversas maneras, derrotando además la intención del gobierno nacional, por medio de la policía y el DAS, de criminalizar la movilización social en hechos tan claros como la declaración del organismo de seguridad de decir que habían intenciones de cometer actos terroristas en las marchas, o en las imágenes de Caracol Televisión y repetidas por medios como El Espectador, las cuales pretendían señalar estudiantes que “posiblemente” estaban drogados o que “tal vez” estaban tomando licor en las manifestaciones. Esto como una medida desesperada al no haber podido sabotear las protestas, ya que fue más el fuerte el convencimiento de la justeza de la causa que las ganas de caer en los actos provocadores del ESMAD.

Es claro que por la sola marcha el gobierno no va a desistir de presentar al congreso su propuesta de convertir a la educación simplemente en un negocio lucrativo en vez de garantizarla como un derecho, de la misma manera como la salud es hoy en día, en donde los que más tienen son los únicos que pueden beneficiarse de un servicio de buena calidad. Están en juego muchos intereses y muy poderosos con la reforma a la universidad colombiana ya que va muy de la mano con el TLC con Estados Unidos, permite al estado colombiano librarse de un gasto que es subsidiar la oferta y además permite al capital privado hacerse con mano de obra barata y a la medida de necesidades de ciertas industrias, nacionales y extranjeras, de tal forma que laboratorios y aulas de clase no sean más que centros de entrenamiento de su personal potencial evitando de esta forma que algún día este país pueda llegar a ver la luz del desarrollo y de paso se ahorran el problema que les produce una academia crítica y pensante.

La gigantesca movilización del 7 de abril debe entenderse como el primer gran paso hacia la derrota de la propuesta de Santos de tal manera que la tarea que sigue es larga y difícil. Lo que toca ahora, sin duda alguna, es mostrar que la educación es un derecho fundamental y necesario para la liberación nacional y para acabar con el enorme precipicio que separa a los que más tienen de los que no poseen sino su fuerza de trabajo para entregarla a cambio de migajas. La unidad va a ser el elemento que defina la victoria de parte de quienes creemos que la paz con justicia social se consigue en parte acabando con el analfabetismo total y estructural y el encuentro nacional de estudiantes pasado fue importante para aglutinar fuerzas y sentarnos a pensar para la acción coordinada.

La marcha a nivel nacional nos demostró que la capacidad de convocatoria fue incluso superior a lo que creíamos, que aun hay muchos sueños de un país para los más que pretenden convertirse en realidad, que hay razones para seguir luchando y que la educación se ve por parte de la mayoría de académicos (con muchas excepciones, claro está) más que en la manera de lograr enriquecerse, como un derecho, como una herramienta de emancipación y como el camino para sacar a la sociedad en su conjunto de el oscuro túnel a la que la han llevado siglos de explotación las clases dominantes.

Ahora el paso a dar es pensarse un modelo nuevo educativo, sin ley 30 y sin reformas neoliberales a la misma, en el que todos tengamos la posibilidad de conseguir una educación decente, pertinente, de calidad, pública y al servicio de las necesidades del país. Hay que multiplicar esas mesas de unidad en cada universidad, facultad, carrera, semestre con el fin de lograr que ya no seamos cientos de miles sino millones quienes le digamos a este gobierno que ya estamos cansados de este modelo que nos lleva cada vez más a profundizar la miseria y a agudizar el conflicto y si es preciso, pararemos todas las instituciones y tal vez toda la economía del país hasta que nos escuchen y hasta conseguir la victoria final.

Hay que salir a movilizarse nuevamente, a hacer desistir al gobierno de presentar esa reforma mercantilista y al congreso de aprobarla, y que si bien ellos tienen las mayorías en las urnas, nosotros tenemos las mayorías en las calles y con éstas venceremos.

Todos al paro nacional universitario y al paro cívico nacional el segundo semestre del 2011.

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