Para las elecciones que se avecinan en Colombia, el voto en blanco ha cobrado una inusual aceptación basada en la real descomposición del parlamento burgués que goza de un gran porcentaje de ilegitimidad, pero desafortunadamente este método de protesta no es el más coherente a la luz de la situación y la normatividad vigente.

En las elecciones parlamentarias, para que el voto en blanco tenga verdadero impacto tendría que lograr ganar abrumadoramente y que ningún partido logre el 3% de la votación total, algo obviamente imposible. O en el caso de que llegue a conseguir el improbable resultado del 50% más un voto, se repeterían las elecciones sin aquellos partidos que no alcanzaron el umbral y en ese hipotético caso no serán precisamente los tradicionales que ya habrán mandado a hacer los tamales y las tejas a ser repartidos el día de las elecciones para su clientela; los verdaderos perjudicados serán los minoritarios entre los que se encuentran los de centro, izquierda y una secta religiosa. Y en el tercer escenario, que el blanco no logre una mayoría importante, de todas formas los más afectados serán los movimientos de izquierda y de centro puesto que allí se concentra principalmente el voto de opinión ya que cada voto válido, entre ellos el blanco, sube el umbral a ser alcanzado para lograr una curul así como para no perder la personería jurídica.

Y es que el voto de opinión, es decir, el consciente, el que no está comprado o amañado, el que se da por convicción con un ideario o un proyecto de país, es precisamente el que entra a disputarse entre la izquierda y los promotores del voto en blanco, entre todos aquellos quienes rechazan el actual estado de cosas, que sueñan con un país distinto pero que además ven en las elecciones alguna forma de protesta y mecanismo de cambio de la realidad.

Ahora, quienes impulsan el voto en blanco vienen de dos corrientes distintas. Por un lado el oportunismo de derecha representado en Gustavo Bolívar, un monumento a la doble moral y la hipocresía, quien de día le hace el juego a la extrema derecha, por medio de su aparato mediático RCN, escribiendo verdaderas odas al narcotráfico y al paramilitarismo, mientras de noche se muestra como el gran defensor de las causas sociales, la moralidad y las buenas costumbres, por medio de su empresa de lavado de imagen “Manos limpias”. Por el otro lado, personas bienintencionadas cansadas de la corrupción que con la consigna “que se vayan todos” pero que de forma torpe podrían estar contribuyendo a hacer un mal peor, que en la ratonera del Congreso de la República queden sólo las ratas mientras los gatos no puedan pasar el umbral.

El voto en blanco podría ser útil en otra coyuntura puesto que no es un fin sino un medio, pero la actual situación del país no es la adecuada para utilizarlo ya que solo sirve para dejarle el camino libre a la derecha para que siga robando a Colombia sin ningún obstáculo. Por ejemplo, si personajes como Carlos Lozano o Iván Cepeda no llegan al Congreso, ¿quién hará contrapeso al paramilitar Uribe Vélez en el senado? O ¿quién defenderá los derechos de las víctimas de la guerra? O si el moribundo PDA no logra el umbral, ¿quién denunciará el saqueo por parte de las multinacionales desde la institucionalidad burguesa?

Otra sería la situación si actividades como el voto en blanco estuvieran enmarcadas como parte de un amplio proceso de movilización social que pueda poner en jaque a la misma “democracia” burguesa, pero ese tema no ha sido discutido con el grueso de las organizaciones sociales y cada una tiene una visión distinta que se traduce en acciones diferentes con objetivos opuestos.

O sería distinto, por ejemplo, que el sector popular de manera categórica rechazara de plano el uso de la institucionalidad del régimen por las reales faltas de garantías a la oposición que se traducen en amenazas de muerte sistemáticas a varios candidatos de izquierda, así como a Aída Avella, candidata de izquierda a la presidencia a quien los grandes medios hegemónicos prácticamente la mantienen en el oscurantismo tanto en sus noticieros como negándose a pasar la pauta de la UP violando la ley. Estos hechos demuestran una vez más que sin el pueblo en la calle movilizado, conciente y con un proyecto de país claro, Colombia seguirá siendo la vergüenza de América Latina. Mientras tanto sigue siendo válida la tribuna del parlamento como un escenario más de agitación y denuncia a la clase dominante.

@ingcritica

 

 

 

 

Tomado de la página de la registraduría:

¿Si gana el voto en blanco, se repite la elección?

De acuerdo con el artículo 9 del Acto Legislativo 01 de 2009, “Deberá repetirse por una sola vez la votación para elegir miembros de una corporación pública, gobernador, alcalde o la primera vuelta en las elecciones presidenciales, cuando el total de los votos válidos, los votos en blanco constituyan la mayoría. Tratándose de elecciones unipersonales no podrán presentarse los mismos candidatos, mientras que en las corporaciones públicas no se podrán presentar a las nuevas elecciones las listas que no hayan alcanzado el umbral”. La Corte Constitucional, en sentencia C-490 de 2011 declaró inexequible la norma de la Reforma Política que ordenaba repetir elecciones “cuando el voto en blanco obtenga más votos que el candidato o lista que haya sacado la mayor votación” y en consecuencia la mayoría necesaria para repetir la elección es mayoría absoluta, es decir el 50% más 1 de los votos válidos, y no mayoría simple.

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